Historias de vida: Jean Guy Bakoli, mutualista de salud

Jean Guy Bakoli Mbongo tiene 36 años y vive en Mbandaka (República Democrática del Congo). Jean Guy, que participa además en la mutua de salud comunitaria Lobiko, nos cuenta como ha mejorado su vida desde entonces.

Este profesor en el Instituto Técnico Bakusu en Mbandaka, al norte del país, es además Agente de Salud Comunitario y está adscrito al Centro de Salud Basoko. Sus actividades consisten en la recuperación de los niños y las niñas que han abandonado la vacunación, y sesiones de prevención y educación sanitaria realizadas en el mismo centro o en las casas de las familias.

Jean Guy está casado y su esposa Pauline tiene 30 años. Tienen una niña de 7 años –Isangi Bakoli, un niño de 4 años Dieudonné Bosangi Bakoli, una niña de 3 años-Tina Lita Bakoli y un niño de 1 año y medio –Jacques Bosangi Bakoli.

Su esposa Pauline lleva la venta de diversos productos en un puesto ubicado delante de la casa.

Jean-Guy tuvo conocimiento del proceso de puesta en marcha de las mutualidades de salud en su calidad de agente de salud comunitario y después de informarse, se convenció de que la mutualidad era una cosa buena para su familia. Decidió trabajar como sensibilizador, por lo que recibió una formación muy completa por parte del CGAT, uno de los socios de medicusmundi en RDC, sobre las mutualidades de salud y a su vez tuvo que informar y sensibilizar “puerta a puerta” a la población de su zona.

Actividad mutualista en Mbandaka. Foto: CGAT.
Actividad mutualista en Mbandaka. Foto: CGAT.

Jean Guy se ha afiliado a la mutualidad de salud Lobiko (“Vida salvada” en lingala) con los 5 miembros de su familia y ya ha podido conocer de primera mano los beneficios de participar en la mutua: Hace 3 semanas tuvo que acudir al centro de salud Tabe, cerca de su domicilio, con su hija Tina y su hijo Dieudonné. Tina tenía un paludismo con fiebre alta y se le dio el tratamiento con un compuesto de medicamentos llamado ACT-Atersamine Coarten. A Dieudonné se le diagnosticó un paludismo grave ya que tenía convulsiones. El protocolo en este caso aconseja poner un suero con quinina. A los dos se les hizo exámenes de laboratorio (gota gruesa) y les atendió un enfermero en la consulta.

Jean-Guy comenta que recibió una buena acogida en el centro de salud y una muy buena atención. La factura de esta atención para los dos niños se cifra en 65$ pero la mutualidad de salud ha negociado con el centro de salud un forfait de 30$ para los mutualistas. Este forfait incluye la consulta, exámenes de laboratorio, los medicamentos, el suero, y un tiempo de observación hasta la mejoría del paciente.
Por el episodio de paludismo simple de su hija y grave de su hijo, Jean-Guy ha pagado 4$, es decir el 10% del forfait y la mutualidad cubrirá el 90% restante, es decir, 36$.

En cuanto volvió a su casa, Jean-Guy y su esposa Pauline fueron contando a sus familiares y vecinos la enfermedad de su hija y su hijo y lo que habían tenido que desembolsar por ello. Su labor de sensibilizador de la mutualidad se verá facilitada al poder contar su propia experiencia.

Ahora Jean-Guy va empezar a ahorrar pensando en la cotización del año siguiente.

Mutualidades de salud para no caer en la pobreza por recibir atención sanitaria
La cotización a la mutualidad de salud es un gran esfuerzo financiero para estas familias con unos ingresos muy modestos, pero en la República Democrática del Congo se estima que el 70% de la población tiene que pagar de su bolsillo la atención que recibe, cuyo coste, como se puede comprobar, es altísimo y que en el caso de las familias muy numerosas (en esta zona de Mbandaka se cuenta una media de 8 personas por familia), puede suponer una situación catastrófica y un empobrecimiento aún mayor.

Es el caso de Jean-Guy, que recibe un salario de unos 100 dólares por mes por su puesto de docente y tiene que pagar 25 por el alquiler de su casa. Su familia tiene además unos ingresos complementarios provenientes de la venta de productos variados delante de su casa, de algunas de sus actividades como agente de salud comunitario (aunque sea un trabajo voluntario, cobra unas primas para las campañas de vacunación) y, de la prima que recibe por su trabajo de sensibilizador de la mutualidad de salud.

Este profesor de Mbandaka nos explica que para poder pagar la cotización anual a la mutualidad de salud de 174 dólares para él, su esposa y sus 4 hijos-as ha tenido que ir ahorrando poco a poco a lo largo de 7 meses, pero dice que este esfuerzo ha merecido la pena. Está muy satisfecho de haber tomado esa decisión. Lo que le habría costado la enfermedad de Tina y Dieudonné sin ser mutualista representa la tercera parte de la cotización anual y le quedan todavía 8 meses para disfrutar de los beneficios de la mutualidad de salud.

Este relato ha sido recogido conjuntamente por nuestra compañera Martine Castaing en su visita a República Democrática del Congo y el Dr. François Zioko Mbenza, representante de medicusmundi en RDC.

Más información sobre el trabajo de medicusmundi Navarra-Aragón-Madrid con las mutualidades:

Luchamos contra la pobreza haciendo realidad el derecho a la salud

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