¿Cuánto tiempo más viviré, doctor?

En el Día Mundial contra el Cáncer, te traemos la historia de Gladys, que lucha contra esta enfermedad en Ecuador, un país con un sistema sanitario débil.

Si te dedicas a la medicina, seguro que sabes que ésta es una de las preguntas más difíciles de responder. Y es que nunca se está lo bastante preparado para hablar de la esperanza de vida de un paciente, sobre todo cuando las noticias no son alentadoras. Tiene que ser difícil también darse cuenta de que muchas veces la respuesta a esta pregunta no depende sólo de la enfermedad que puedas tener: El poder acceder a un sistema sanitario eficaz y oportuno, o no, va a determinar en muchas ocasiones tu respuesta.

GLADYS CANCER MADRE VIVIANEste es el caso de Gladys, una mujer jubilada de 77 años que vive en Ecuador. Gladys ha vivido las dos caras de la moneda: 15 años atrás vivió en Estados Unidos, donde fue diagnosticada con cáncer de mama. Su condición de migrante no le impidió recibir tratamientos y cuidados médicos. Gladys superó el cáncer de mama y volvió a Ecuador. Durante varios años recibió atención médica preventiva, pero el cáncer volvió, y esta vez metastásico.  Nos cuenta ella: “Me dicen que el cáncer ha avanzado por mi pulmón y otros órganos, aunque es inicial y tratable, mi debilidad no me permite afrontar esta enfermedad con la fuerza de antes y los efectos secundarios me están destruyendo en lugar de darme vida… No los soporto, pero yo sigo luchando… Estoy pensando 40 kilos y apenas puedo comer, las llagas me impiden hasta hablar o tomar agua, el dolor del cuerpo es insoportable… Lo peor de todo es que lo vivo todo desde casa, no puedo ser ingresada en un hospital público por falta de camas, no hay espacio para mí…“

Y es que luchar por sobrevivir a un cáncer y la calidad de vida que puedas tener, dependerá mucho del lugar donde te haya tocado nacer. Recibir atención médica oportuna y de calidad, tratamientos eficaces y cuidados paliativos parecen ser un privilegio más que justicia en muchas partes del mundo. Y es que el desarrollo de una sociedad, ya sea pobre o rica, puede juzgarse por la calidad del estado de salud de la población, por cómo se distribuyen los problemas de salud a lo largo del espectro social y por el grado de protección del que gozan las personas afectadas por la enfermedad.

Hoy Gladys nos cuenta que lleva esperando por un nuevo medicamento más de 4 meses. No lo recibirá en su hospital. Su cáncer, en 4 meses de espera, se encuentra en estado avanzado. Ella no puede costearse con su jubilación la medicación necesaria. Gladys se pregunta: “¿Cuánto viviré, doctor?” No hay respuesta. La incertidumbre de saber si podrá conseguir su medicamento y ser atendida dignamente durante todo este proceso, es un dolor añadido que se podría evitar. Esta historia en otra parte del mundo simplemente tendría otro desenlace.

La forma en que está organizado el mundo hace que las posibilidades de desarrollarse en la vida y gozar de buena salud estén mal distribuidas dentro de una misma sociedad y entre distintas sociedades, apunta el Informe final de la Comisión de Determinantes de Salud, y añade: “La estratificación social también crea disparidades en el acceso al sistema de salud y en su utilización, lo que da a lugar a desigualdades en la promoción de la salud y el bienestar, la prevención de enfermedades y las posibilidades de restablecimiento y supervivencia tras una enfermedad”. La justicia social es cuestión de vida o muerte.

¿Reducir las desigualdades sanitarias en el lapso de una generación es posible? Se puede actuar y ahora es el momento. Somos la primera generación que puede lograrlo. Tenemos los recursos para intervenir sobre los determinantes sociales de la salud y a la vez trabajar para alcanzar un bienestar más inmediato. Los gobiernos han de crear sistemas que permitan alcanzar un nivel de vida saludable, por debajo del cual ningún miembro de la población deberá encontrarse debido a circunstancias que escapen de su control.

Las circunstancias en que la gente vive y muere están determinadas por las fuerzas políticas, sociales y económicas. Por eso,  en el Día Mundial contra el Cáncer nos unimos al clamor que exige el fin de las desigualdades sanitarias. No es justo que tus posibilidades de disfrutar del derecho a la salud dependan del lugar en el que has nacido.

Estamos a tiempo de que nadie se quede atrás, pero ¿hay voluntad?.

Vivian Endara Romo
medicusmundi Navarra-Aragón-Madrid

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