Conocer Ruanda y su gente ha cambiado nuestras vidas

Sabíamos que iba a ser un viaje diferente. Con bastante antelación nos habíamos preparado para conocer Ruanda. Incluso tuvimos varias reuniones con personas de medicusmundi que nos ayudaron a saber más del país, su historia, su cultura y el trabajo de cooperación sanitaria que desarrollan. Pero esta visita ha sobrepasado todas nuestras expectativas. Conocer Ruanda y convivir con su gente ha conmocionado a las 9 personas de la Fundación Napardi hasta el punto de afirmar que ha cambiado nuestras vidas.

Casas sin luz ni agua

La naturaleza del paisaje ruandés es espectacular: verde, fértil, montañoso, salpicado de casitas allá donde te lleve la vista, por eso se le denomina como “país de las mil colinas”. Este panorama resultaría maravilloso de no ser por la superpoblación que soporta el país (480 habitantes/km2 en el Distrito de Gakenke) una densidad de población de las más altas de África. El 90% de sus habitantes se dedican a la agricultura de subsistencia en un pequeño terreno alrededor de sus casitas de adobe. Tuvimos la oportunidad de visitar algunas de estas casas generalmente sin luz ni agua corriente.

vivienda

En poco más de 40m2 viven 5 o 6 personas, sin apenas luz natural, sobre suelo de tierra, sencillos colchones amontonados para dormir, un fuego de leña donde cocinan y un puñado de alubias para comer. Varias mujeres nos recibieron con una gran sonrisa y nos enseñaron sus casas. En el exterior tenían una pequeña huerta con plataneras, maíz, alubias, alguna planta de aguacate o maracuyá. Una pequeña cabra atada con una cuerda aprovechaba la hierba de alrededor. ¿Se puede sonreír con tan poco?

Somos gente importante

Uno de los principales objetivos del viaje era conocer el funcionamiento del Sistema sanitario de salud. Visitamos el Hospital de Nemba compuesto por una serie de edificios de ladrillo de planta única, intercalados con jardines. Un recinto situado en una zona rural, limpio, ordenado, más que digno, que ha ido creciendo a lo largo de los años. En la zona de Ginecología y partos las mujeres cocinan su comida, lavan su ropa multicolor y la tienden al sol.

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El Hospital no se hace cargo de la comida y son las familias quienes tienen que proveer de la alimentación diaria para pacientes y acompañantes. Para beneficiarse de los servicios del Hospital hay que pagar una cuota a las mutuas (unos 4 euros al año por persona) y aparte un 10% del coste de la atención, medicamentos, pruebas médicas… y no todas las personas pueden permitírselo. A pesar de esto nadie se queda sin atención.

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Aquí somos gente importante. Nos reciben el director y su equipo con mucho protocolo y son continuas las palabras de agradecimiento.

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Chantal, la responsable del Servicio Nutricional con el que colabora la Fundación Napardi, nos muestra las distintas dependencias y las cocinas de leña donde hacen la comida en enormes pucheros para personas ingresadas, en especial para niños y niñas. También nos enseña la huerta con distintas verduras que sirven de materia prima para su alimentación, incluso una vaca que han adquirido hace poco y les va a proporcionar leche. Con 16.000€ se cubre el coste del funcionamiento del servicio nutricional durante un año (alimentación, leña, 3 salarios) ¿cómo no vamos a ser importantes?

Canciones de recibimiento

Uno de los momentos más conmovedores para todo el grupo ha sido la visita al centro de salud de Rutenderi que apoya también medicusmundi.

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Situado en una de las colinas a pocos kilómetros de Nemba se accede por un camino empinado de tierra y piedras de enorme dificultad incluso para vehículos todoterreno. Esa mañana había llovido mucho y algunas personas subían andando con bultos enormes, bidones con agua o leña sobre sus cabezas. Además vemos a las mujeres transportando pesadas cargas con los hijos a sus espaldas. Así es el día a día en esta zona, un continuo peregrinaje por carreteras y caminos. Los niños y niñas que viven en las colinas tienen que andar durante 1 o 2 horas para ir a la escuela.

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Con este preámbulo llegamos a Rutenderi donde nos saluda el director del centro de salud. Nos guía hasta el Centro Nutricional donde se da formación a las madres y se controla la nutrición de menores de 5 años. Un grupo numeroso de madres con sus criaturas nos recibe cantando y bailando en un improvisado escenario. Nos quedamos impactados. Llevaban un buen rato esperándonos para darnos la bienvenida y tenían que volver a sus casas antes de que anocheciera.

En todos nuestros recorridos continuamente se nos han acercado niñas y niños, siempre sonrientes, a darnos la mano con la curiosidad de ver de cerca a los muzungu (blancos). A veces nos acompañaban durante el itinerario. Incluso el enorme bigote blanco de José Miguel García Gobeo les originaba gran expectación y risas.

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También les gustaba verse en la pantalla de nuestras cámaras.

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Homenaje al Père Michel

Hemos sido conscientes en todo momento del privilegio de haber realizado este viaje en compañía de dos personas claves de medicusmundi: Miguel Ángel Argal, fundador de esta asociación en Navarra y del Hospital de Nemba, y de Alfredo Amilibia director de medicusmundi en Navarra durante 20 años. Ambos nos han ayudado a valorar lo que supuso, hace 45 años, la creación de un hospital donde no había ninguna atención sanitaria y que da servicio actualmente a unas 250.000 personas.

El domingo, día 20 de noviembre, fue el día elegido para hacer un homenaje al promotor del Hospital, el sacerdote Miguel Ángel Argal.

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Asistimos a una misa africana que el Père Michel (así lo conocen) concelebró. Una misa multitudinaria en la Iglesia de Nemba, el lugar donde decidió dar un giro a su vocación religiosa para dedicar su vida a dignificar la vida de los más necesitados. Fue una celebración impactante que no olvidaremos acompañada con cantos y bailes en su honor.

Emocionante también por las palabras que Père Michel expresó agradeciendo el cariño y la amistad que siempre ha recibido de la gente de Nemba.Vosotros me habéis ayudado a dar respuesta a preguntas fundamentales que me he hecho en la vida-, dijo- “me habéis enseñado a que no hacen falta tantas cosas que en Europa consideramos fundamentales y necesarias para la vida y a dar sentido a la vida con cosas sencillas”. Y concluyó: “como dice el Evangelio, que demos más de lo que recibamos y que nuestra vida sea un servicio a los más pobres y necesitados”.

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Después participamos en una comida, con cantos y bailes, donde asistieron alrededor de 50 personas que trabajaron en los primeros años del Hospital. Allí se produjeron encuentros entrañables rememorando la ilusión y las dificultades que supuso la puesta en marcha del Hospital de Nemba.

La donación afecta al mundo

En estos 9 días de viaje hemos podido valorar el trabajo que desarrollan tanto medicusmundi como las y los profesionales ruandeses para mejorar la salud de la población en un entorno rural, lleno de carencias y necesidades. También hemos comprobado que cualquier ayuda económica o profesional contribuye a mejorar sus condiciones básicas de vida. Volvemos con la seguridad de que esta ayuda está bien canalizada y que la Fundación Napardi, con el lema “la donación afecta al mundo”, intensificará sus esfuerzos para dignificar la vida de la población ruandesa.

Este viaje no habría sido tan intenso sin Mariano (que da para otro artículo), Pierre, Natalia… y todos los niños y niñas de Ruanda que son el futuro del país. ¡Muchas gracias a todos! ¡Murakoze cyane!

Fátima Ruiz Bacaicoa

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Puedes ver AQUÍ una galería de fotos del viaje.

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